Aquel día, en punto de la medianoche las calles lucían un aspecto horroroso...Espantoso... Muy monstruosas, en verdad se veían.
Donde, talves se podían esconder los asesinos más buscados y peligrosos. En verdad era muy monstruosa aquella noche... Era una noche lluviosa, con una espesa neblina y relámpagos en el cielo; que parecía que partían la noche en ruidosos resplandores. - Me creerán, si les digo que esa noche si alguien viera un fantasma o un muerto paseándose por la calle, sería lo más normal del mundo. Monstruosa aquella noche.
Sin embargo, y a pesar de la escena, se encontraban dos tipos paseando felices por la calle; ellos caminaban con paso ligero y sin prisa, nada sospechoso en ellos dos, -diría la gente esa noche-, excepto tal vez, por el hecho de que esa misma noche los dos caminaban rumbo al cementerio. No eran precisamente los dos jóvenes más listos del mundo, tampoco eran los más inocentes, ni menos se les podía considerar doctores o docentes cirujanos que deambulaban buscando entre el cementerio un cuerpo que robar para sus investigaciones o sus experimentos meticulosos de anatomía, no, nada de eso, se veían como chicos medianamente normales. Aquellos dos jóvenes paseaban felices entre las tumbas, viendo y tratando de buscar entre las criptas a una persona en particular interés.
Y es que el hecho de aquellos dos en el cementerio era que la señorita Marilyn Moe, estuviera enterrada en el cementerio, ese era el motivo por lo cual estos dos jóvenes deambularan el cementerio a altas horas de la noche. Más allá de tener la certeza de que aquella señorita estaba muerta, era más bien para hurtar su cuerpo: Una chica muy guapa, a la cual era considerada difícil de enamorar por los jóvenes, y ahora que aquella chica estaba muerta era más fácil robar su cuerpo y quedarselo como trofeo.
Algo desagradable a mi parecer.
Los testimonios referentes a su muerte no eran muy creíbles, por el simple hecho de que no sabían de qué, o cómo, había muerto aquella chica, así que la mayoría de los jóvenes, entre ellos varones, no estaban realmente de acuerdo sobre su muerte.
Excitados los dos jóvenes por la ocasión, desprendieron la puerta del féretro sin mayor complicación. La posición en la que la encontraron, les cuento, afirmaba ya en efecto lo que se sabía: tendida boca arriba con un fino y delgado vestido azul, de manos cruzadas sobre su estómago, bien peinada y aseada, como maquillada... Y la negra oscuridad, así como el profundo silencio, hacían una evidencia clara de aquella chica y su muerte, algo que los dos jóvenes lo tomaron como un presagio de suerte.
Lo robaremos esta noche...- dijo uno, el más alto y moreno.
Si, Alguien puede venir, y llevarse a la chica…-dijo el segundo, el más enano con acné en la cara. -No hay que dejar que se la lleven, Henry. Henry, era el chico más alto y moreno de los dos.
Sigue siendo tan hermosa como el primer día que la vimos...-dijo Henry- ni estando muerta deja de relucir tal belleza; su cuerpo da calma a las almas pesadas. Henry, no era precisamente un poeta, simplemente era una persona que se dejaba llevar por la belleza, y decía las cosas más irreverentes, bueno, cuando se dejaba rodear por tales bellezas.
Aquellos dos jóvenes se sintieron con suerte esa noche, una suerte demasiada extraña para ser cierta. Aquel momento los había dotado de ser las personas más vulgares del mundo, pero se sentían en paz y tranquilos al tener enfrente el cuerpo de quien era la chica de sus sueños. Aún no sabían bien el futuro que les deparará a ellos, o al cadáver de aquella chica muerta, pero por lo demás se sintieron triunfadores esa noche.
Algo se podía sentir en la espesura del aire y lo inhóspito de aquella calle. Era una noche fría, oscura, rasgada por los fuertes relámpagos que iluminaban el cielo y partían las nubes. Aquellos relámpagos que eran breves, proyectaban un fulgor espectral, por decir fantasmal en los monumentos, los árboles y las lápidas del panteón. Una noche no apta para personas que anduvieran de visita en panteones y mucho menos, desenterrando tumbas, pero aquellos dos chicos seguían ahí, paleando con más velocidad la tumba de su musa muerta, tapar la tumba los hacía sentir más seguros.
Los dos eran jóvenes que apenas y comenzaban a cursar la preparatoria; uno de ellos, no era muy buen estudiante, el más enano y con acné en toda su cara se llamaba Jonás, el otro, por el contrario, Henry, ni siquiera entraba a la escuela, pero algo si era seguro, los dos coincidían muy bien afuera de la escuela todas las tardes. Todos los días afuera de la escuela se reunían para observar por la ventana de la casa del chico con acné, y espiar a su vecina Marilyn, la chica más guapa que ellos dos conocían.
Una tarde uno de ellos le comentó al otro que trabajaba en un cementerio todas las tardes, pues como no entraba a clase, sería mejor que se pusiera a trabajar y empezara a dar dinero para solventar las necesidades del hogar. Lo cual le permitió esa misma noche tener una oportunidad de entrar sin que los cacharan. Pues el guardia nocturno no se presentó a su jornada, dejando así al joven alto y moreno, Henry a cargo de la guardia nocturna “se podría decir que este chico ya tenía experiencia, se sabía todos los caminos y entradas del cementerio” así que ninguna sorpresa era de esperarse.
Aquella noche y con el cuerpo de la joven en hombros se escabulleron rumbo a un muro de concreto, apartados de las calles y los caminos, pura terracería,
donde al otro lado les esperaba una carretilla.
El trabajo de excavación los había mantenido exhaustos a los dos, pero era tanta su excitación aquella noche que tuvieron fuerza para levantar y poner el cuerpo en la carretilla, con el cuerpo de la joven recostado, caminaron unos metros, lejos del panteón; la tierra cada vez era más delgada por la lluvia si bien ahora parecía tener poca resistencia en el suelo, casi como un pantano, y es que no tardó mucho en quedarse la carretilla atorada en el lodo, así que el chico más enano, Jonás empezó a empujar la carretilla para que esta cediera, y así pudiera salir del lodo, cuando de sorpresa, la carretilla se volteó, dejando así al descubierto el cuerpo de la chica, ataviando de lodo su hermoso vestido azul, el maquillaje se le corría por su cara y sus zapatos salieron volando…
¡Búscalos! -dijo el chico moreno desesperado, casi ordenando.
El enano torpemente buscaba, y siguió buscando, pero en ese momento fue interrumpido por un relámpago que zigzagueo en el aire, alumbrando toda oscuridad disponible, haciendo que inmediatamente estallara en un fragoroso trueno. Eso hizo que Jonás dejará y evitará su búsqueda, cesó el trabajo que le habían ordenado, el pequeño se incorporó muy tranquilo y regresó a la carretilla, una vez ahí respiro y tomó asiento, sorpresa que se llevó, una sorpresa que lo dejó helado, y es que para su suerte el cuerpo de la joven no estaba.
Los dos al encontrarse se quedaron viendo como incrédulos, pero en ese momento un grito desesperado e inarticulado profirió sus espíritus, poseídos por el terror, la angustia y el temor los dos empezaron a correr en círculo como idiotas de sus facultades mentales. Alguien mucho más inteligente no regresaría por nada en este mundo, si aquello les pasara. Pero aquellos jóvenes no eran precisamente los más inteligentes del mundo, más bien estaban hechos de otra madera.
Con la ayuda de los primeros resplandores del amanecer, los dos jóvenes empezaron a ser pesquisas en busca de cuerpo, pálidos y con los nervios a punta, al punto tal vez de tener en ese momento un cuadro de ansiedad o de miedo. Con el terror corriendo por sus venas, aquella aventura les latía muy fuerte en sus pechos. sin haber tenido suerte de encontrar el cuerpo, los dos volvieron a la pared de concreto y subieron de nuevo para regresar al panteón.
Una vez adentro, los dos tomaron un respiro muy profundo.
Si preguntan, tú no viste nada- exclamó con nervios Henry - ¿De acuerdo?
¡Si!... ¡Dios, qué haremos si nos descubren!
Nadie vio nada, Además, era muy noche para que alguien viera algo.
Los dos se encaminaron, mucho más tranquilos a la casa del vigía, tomaron de nuevo aire, y se dirigieron a la reja principal del cementerio, donde vieron una carretilla cubierta de lodo, y cerca de ella un hombre corpulento y con sombrero, sentado en la carretilla. Estupefactos, los dos jóvenes se acercaron. Se quedaron mirando por un rato al señor, luego el señor se puso de pie, sonriéndoles de ojos a dientes.
Esta mañana he sacado esta carretilla del pantano, casi me hundo con ella al tratar de salvarla, pensé que a lo mejor sería de ustedes ya que no está muy lejos del cementerio- dijo. - Y no sé, esperaba una recompensa por el riesgo, ¿No les parece?
Entonces, cuando la carretilla se volteó con todo y el cadáver de la chica, era a causa de un pantano, que al final terminó por hundir el cuerpo de la chica… Pero entonces, ¿cómo explican, aquellos gritos en la noche?
Paralizados los dos, se quedaron mirando la carretilla, pensando en el cadáver de Marilyn en el fondo del pantano. Tenían la cabeza revuelta, los brazos hinchados y la ropa llena de tierra por la excavación exhaustiva de la noche anterior.