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G. C. Groenlan 馃枊️
Lord Kaelen, con su armadura de batalla abollada y el cabello oscuro agit谩ndose al viento, se par贸 en la vanguardia. A su lado, Sir Gareth, un caballero curtido en mil batallas, empu帽aba su espada con una determinaci贸n f茅rrea. Ambos sab铆an que estaban a punto de librar la batalla de sus vidas.
"¡Por Eldoria!", grit贸 Kaelen, su voz apenas audible sobre el estruendo. "¡Por los ca铆dos! ¡Por los que vendr谩n!"
El gran drag贸n, conocido solo como Atheria, descendi贸 de las nubes tormentosas. Sus escamas eran de un verde oscuro, casi negro en la penumbra, y sus ojos brillaban con una inteligencia cruel. No era solo una bestia; era una fuerza de la naturaleza, un cataclismo alado que hab铆a arrasado pueblos enteros y ej茅rcitos sin pesta帽ear.
Un torrente de fuego infernal se precipit贸 sobre las filas delanteras de los eldorenses. Los gritos de los quemados se mezclaron con el olor a carne chamuscada y metal derretido. Pero el esp铆ritu de los hombres no se rompi贸. Kaelen, con su escudo levantado, desvi贸 una r谩faga de llamas, sintiendo el calor abrasador a trav茅s del metal.
"¡Apunten a los ojos!", rugi贸 Gareth, mientras varios arqueros liberaban una andanada de flechas, que rebotaron in煤tilmente en las duras escamas de Atheria.
La batalla se convirti贸 en un infierno. Atheria embest铆a y desgarraba, sus garras del tama帽o de guada帽as arrojando hombres por el aire como mu帽ecos. Pero los eldorenses respondieron con una furia desesperada. Los lanceros formaron un erizo, los espadachines atacaron sus patas, y los magos del reino lanzaron hechizos de contenci贸n y fuego elemental, que apenas rasgu帽aron la piel de la bestia.
Kaelen se encontr贸 cara a cara con la sombra del drag贸n, su aliento sulfuroso quem谩ndole la garganta. Vio una oportunidad. Con un grito de guerra que desafi贸 su propio miedo, carg贸 hacia una de las patas delanteras de Atheria, clavando su espada profundamente en una coyuntura donde las escamas parec铆an m谩s delgadas.
Un rugido de dolor y rabia reson贸 en toda la llanura. Atheria se tambale贸, su enorme cuerpo chocando contra las l铆neas enemigas, aplastando a docenas de hombres. Pero la herida, aunque peque帽a para una criatura de su tama帽o, la enfureci贸.
"¡Ahora es el momento!", grit贸 Gareth, aprovechando la distracci贸n. 脡l y un grupo de 茅lite de caballeros cargaron contra la pata herida, sus armas brillando con la luz p谩lida de los cielos tormentosos.
La batalla dur贸 horas, un torbellino de sangre, fuego y acero. Kaelen, agotado y cubierto de holl铆n, vio c贸mo Atheria, debilitada y herida, finalmente comenz贸 a ascender. No hu铆a por miedo, sino por la furia de una herida y la promesa de una venganza devastadora. Con un 煤ltimo rugido que sacudi贸 la tierra, el drag贸n desapareci贸 entre las nubes.
Los eldorenses hab铆an sobrevivido. No era una victoria total, pero hab铆an repelido al terror alado, algo que ning煤n otro reino hab铆a logrado. La llanura estaba sembrada de cad谩veres, pero los supervivientes, aunque exhaustos y heridos, levantaron sus armas al cielo en un grito de triunfo y alivio.
Kaelen mir贸 el cielo vac铆o. Sab铆a que Atheria regresar铆a. Pero por hoy, Eldoria hab铆a resistido. Y en la resiliencia de su gente, en el coraje de los ca铆dos y en la determinaci贸n de los que a煤n respiraban, hab铆a nacido una nueva leyenda, forjada en fuego y sangre. La guerra contra los dragones apenas hab铆a comenzado, pero el esp铆ritu de Eldoria nunca se quebrar铆a.
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