En la luz de un crepúsculo,
Donde las sombras juegan con una luz tardía,
Una figura emerge, como una visión divina,
Con cabellos de ébano, que caen como la noche,
Y ojos de estrellas, que brillan con luz propia.
Su rostro es una obra de arte, esculpido por los dioses,
Con líneas puras y delicadas, como las flores de primavera,
Sus labios son pétalos de rosa, que invitan a besar,
Y su sonrisa es un regalo, que ilumina el corazón.
Su cuerpo es una estatua de gracia y belleza,
Con curvas suaves y delicadas, como las olas del mar,
Su piel es como la seda, suave y tersa al tacto,
Y su presencia es un bálsamo, que calma el alma.
Ella es una Diosa, una criatura de la luz,
Con un espíritu libre y salvaje, como el viento,
Su risa es música, que llena el aire de alegría,
Y su mirada un hechizo, que cautiva los corazones.
En su presencia, el tiempo parece detenerse,
Y el mundo se vuelve un lugar de ensueño,
Donde la belleza y la magia son reales,
Y el amor es la única verdad que importa.
Así es ella, una mujer hermosa y divina,
Una criatura de luz, que ilumina el camino,
Y en su presencia, el corazón late con pasión,
Y el alma se eleva como las alas de un águila.
Para Montserrat Petriciolet,
cuya voz no solo viaja por las ondas hertzianas,
sino que encuentra un hogar en el corazón de quienes la escuchan.
Gracias por convertir el silencio en arte
y por ser esa luz que, a través de la radio,
nos recuerda que nunca estamos solos.
Eres el alma de la frecuencia.
🎙



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